La Psoriasis no es sólo una enfermedad de la piel va más allá, es una enfermedad inflamatoria de origen autoinmune que también puede afectar a las uñas, articulaciones y con menos frecuencia a las mucosas. Es una patología crónica, que evoluciona con remisiones y recaídas espontáneas y no es contagiosa. Es importante que la sociedad comprenda, apoye y no discrimine a las personas que padecen psoriasis.

En la actualidad la psoriasis no es considerada una enfermedad exclusivamente cutánea, es cierto que las manifestaciones clínicas más frecuentes suelen ser en la piel – son características las lesiones en placa de tamaños diversos y cubiertas por una típica descamación – pero se trata de una enfermedad crónica que se asocia a complicaciones cardiovasculares, metabólicas y articulares.

Su origen es desconocido y aunque no es una enfermedad hereditaria existe una clara predisposición genética que junto con otros factores desencadenantes como por ejemplo el estrés emocional, la administración de algunos medicamentos y la presencia de determinadas enfermedades infecciosas, van a generar esta respuesta autoinmune y autoinflamatoria.

Afecta alrededor del  2-3 % de la población mundial y la padecen por igual hombres y mujeres. Es una enfermedad muy heterogénea, hay personas que sufren síntomas leves mientras que otras presentan síntomas más graves, puede desaparecer y volver a aparecer en las mismas localizaciones o en otras. La psoriasis tiene gran impacto en la calidad de vida de quienes la padecen, las lesiones pueden provocar inseguridad, rechazo y limitación social provocando una carga psicológica importante.

¿Cómo se manifiesta?

Normalmente, el proceso de recambio celular de la epidermis (capa más externa de la piel) es de 30 días, pero en la psoriasis este proceso es excesivamente rápido, lo que genera la acumulación de células en la capa superficial de la piel originando las típicas lesiones de la psoriasis: placas de escamas blanco-nacaradas de borde perfectamente delimitado, con una descamación exagerada e inflamación y enrojecimiento de la zona. Las localizaciones más frecuentes son: codos y rodillas, zona sacra y cuero cabelludo. Esta es la forma más frecuente de psoriasis, hasta un 80% de los casos se corresponde con la psoriasis vulgar o en placas.

La psoriasis en gotas cursa con numerosas lesiones pequeñas localizadas especialmente en el tronco. Es más frecuente en niños y adolescentes y suele aparecer tras una infección por estreptococos (bacterias) habitualmente de garganta. Suele tener buen pronóstico.

La psoriasis invertida afecta a los pliegues cutáneos (axilas, ingles, debajo de los pechos,..) las placas son rojas y lisas y pueden agrietarse, sudor y el roce de la piel empeoran estas lesiones que por su localización pueden ser muy dolorosas.

Por su parte, la psoriasis pustulosa es poco frecuente y se caracteriza porque sobre las placas aparecen pústulas que afectan en mayor medida a manos y pies.

En la psoriasis eritrodérmica, las lesiones pueden llegar a cubrir la totalidad del cuerpo, la piel enrojece y se descama de manera generalizada, por lo que puede causar infecciones importantes, deshidratación e hipotermia. Ocurre en casos pocos casos y es una de las formas más graves de psoriasis

La psoriasis ungueal afecta a las uñas en un 20-50% de los casos y se manifiesta de modo variable, en algunas personas se caracteriza por aparición de manchas amarillentas, engrosamientos y/o deformidad de las uñas.

Entre un 10 y un 30 % de las personas que padecen psoriasis desarrollan artritis psoriásica, una afectación inflamatoria, progresiva y crónica de las articulaciones fundamentalmente de las manos, pies, zona lumbar y sacra, muñecas y rodillas que cursa con hinchazón, enrojecimiento y dolor en la zona  y que puede llegar a provocar discapacidad y un deterioro importante de la calidad de vida de quienes la sufren. En estos casos es crucial el diagnóstico y el inicio del tratamiento de manera precoz para conseguir que la evolución de la enfermedad sea más benigna.

El tratamiento de la psoriasis es complejo, debe ser personalizado y aunque no existe una cura, la mayoría de los casos se pueden controlar con el tratamiento y seguimiento adecuado. La elección de la terapia dependerá no solo de la gravedad de la enfermedad, sino también del estilo de vida, enfermedades concomitantes y edad de la persona.

RECOMENDACIONES para hacer frente a la enfermedad

  • Se deben evitar en la medida de lo posible los factores desencadenantes sobre los que podemos actuar: estrés, ansiedad, tabaquismo, obesidad y el exceso de alcohol
  • Seguir una dieta equilibrada rica en fruta y verdura.
  • El rascado puede provocar heridas e infecciones por lo que es importante llevar las uñas cortas y limpias
  • Es preferible el uso de prendas de algodón y que no sean apretadas
  • Mejor un baño que ducha, con agua templada. El baño alivia el picor y ayuda a desprender las escamas. Se puede añadir al agua productos de avena y al terminar conviene aplicar cremas emolientes que ayudan a mantener la hidratación de la piel.
  • Realizar ejercicio físico de manera regular, ayuda a prevenir la atrofia muscular.
  • La presencia de dolor, enrojecimiento o hinchazón de articulaciones es motivo de consulta con el médico. Hay que recordar la importancia del diagnóstico precoz para controlar cuanto antes la evolución de la enfermedad.
  • Es muy importante cumplir el ciclo completo de tratamiento pautado