Cada 19 de octubre se celebra el Día Mundial Contra el Cáncer de Mama, una fecha señalada que ojalá nunca tuviésemos que conmemorar. Sin embargo, la realidad es que el tumor maligno de mama es el más frecuente en la mujer y la primera causa de muerte por cáncer a nivel mundial. Los números hablan por sí solos, pero el primer paso para vencerlo podemos darlo nosotros, con información sobre detección y prevención, tanto como pacientes como personas cercanas a quien lo sufre. Os damos más información sobre el cáncer de mama, con pautas y recomendaciones para cuidarnos.

El cáncer de mama es consecuencia del crecimiento acelerado e incontrolable de células del epitelio glandular, debido a que su capacidad reproductiva ha aumentado considerablemente. Esas células malignas pueden expandirse a otras partes del cuerpo a través de la sangre o de los vasos linfáticos, adhiriéndose a los tejidos y formando metástasis. En el 99% de los casos afecta a mujeres, lo que lo convierte en el cáncer más frecuente en el sexo femenino: se estima que 1 de cada 8 mujeres padecerán un cáncer de mama en algún momento de su vida.

Afortunadamente, la tasa de supervivencia al cáncer de mama se ha incrementado de manera notable en los últimos años gracias a las mamografías de cribado y a la mejora de los tratamientos disponibles. Sin embargo, eso no significa que sea un problema fácil de resolver, ya que sigue siendo la primera causa de muerte por cáncer entre mujeres. Por lo general, la edad de mayor riesgo de padecer un cáncer de mama está por encima de los 50 años, pero un 10% de casos se diagnostican también en mujeres menores de 40.

Ahora bien, lo cierto es que no existe una causa clara e inequívoca que produzca el cáncer de mama, pero sí existen múltiples factores que pueden propiciar su aparición:

  • Como hemos comentado, el principal es la edad. A mayor edad, mayor riesgo de padecer cáncer de mama.
  • La propia historia médica del paciente. Por ejemplo, haber sufrido un cáncer invasivo puede predisponer a un cáncer de mama contralateral. También los tumores benignos pueden marcar un precedente.
  • La historia familiar, especialmente si hay casos de parientes de primer grado, como madre, hija o hermana, que lo hayan desarrollado.
  • Mamografías que den como resultado una alta densidad mamaria.
  • Una alta exposición a los estrógenos, ya sea por la aparición temprana de la primera regla, una menopausia tardía o no haber estado embarazada nunca. El uso de tratamiento de reemplazo hormonal también implica un mayor riesgo.
  • La exposición a radiaciones ionizantes, como las provenientes de rayos gamma o X.
  • Malos hábitos de vida, como el consumo excesivo de alcohol, tabaco, obesidad o la mala alimentación aumentan el riesgo de padecer cáncer de mama.

En hombres, las causas están principalmente orientadas a una absorción de radiación ionizante elevada o un exceso de estrógenos, que puede afectar a los varones en enfermedades como la cirrosis. Tampoco conviene olvidar los antecedentes familiares, ya que entre un 15 y un 20% de los hombres con cáncer de mama tienen algún parentesco directo con pacientes de esta enfermedad.

La importancia de la detección precoz

Es cierto que, en muchos casos, el cáncer de mama no avisa. Puede aparecer de manera repentina sin haber notado ningún síntoma previo. Sin embargo, con unas pautas muy sencillas, podemos adelantarnos y detectarlo antes de que aparezcan los síntomas más evidentes. En este tipo de cáncer es más importante, si cabe, la detección precoz: la tasa de supervivencia en el estadio I de la enfermedad es de más del 98%. Un porcentaje que baja de manera considerable en fases más avanzadas, como en el estadio III, donde las posibilidades de supervivencia están en el 24%.

La presencia de un nódulo palpable en la mama, generalmente indoloro, es el signo más frecuente por el que las pacientes acuden a la consulta médica. No obstante, tampoco es raro apreciar manifestaciones como la retracción del pezón o alteraciones en la piel del pecho. En caso de observar alguno de estos síntomas, es importante comunicarlo al médico, ya que la cirugía conservadora o un tratamiento efectivo en estadios tempranos suponen un gran paso para vencer al cáncer.

¿Qué se puede hacer para detectar y prevenir?

  • Realizar mamografías de manera periódica, el Sistema Nacional de Salud realiza programas de detección precoz: es la prueba más eficaz para detectar un posible cáncer de mama incipiente.
  • Nunca debe ser la única vía de detección, pero no está de más autoexplorarnos cada poco tiempo. Palpar de manera exhaustiva cada mama puede darnos indicios de que algo no va bien y, en ese caso, debemos acudir inmediatamente a nuestro médico.
  • Ir a las revisiones periódicas con nuestro médico, sin olvidarnos de llevar unos hábitos de vida saludables: comer bien, realizar ejercicio físico con regularidad y evitar el exceso de alcohol y tabaco.

Seguimiento después del cáncer de mama

Por desgracia, una vez pasada la cirugía o el tratamiento aplicado, todavía no podemos decir adiós al cáncer de mama.  En ese momento, es importante retomar la vida cotidiana al ritmo que cada paciente considere. Las revisiones serán una constante en ese proceso de vuelta a la normalidad, con el objetivo de corroborar que todo evoluciona de manera favorable. Hay que señalar que los tratamientos administrados aunque presentan altas tasas de curación pueden conllevar secuelas que mermen la calidad de vida, por lo que es importante un seguimiento no solo para evitar recaídas sino también para detectar problemas derivados de los tratamientos realizados

Aunque es el médico quien establece los plazos a seguir con las revisiones, lo recomendable, durante los dos o tres primeros años tras el diagnóstico, es hacer revisiones cada tres o cuatro meses. Cada año que pasa disminuye el riesgo de reaparición de la enfermedad, por lo que, pasados unos años, las pruebas se pueden espaciar más en el tiempo, hasta llegar a ser anuales.