Las enfermedades que producen un sarpullido sobre la piel son una gran fuente de consultas en las farmacias. En muchas ocasiones el tipo de lesión puede ayudarnos a identificar de qué problema de salud se trata. Una de estas enfermedad es el Molusco Contagioso, una patología muy habitual de la que probablemente nunca has oído hablar.

El Molusco Contagioso es una enfermedad infecciosa causada por un virus que infecta las capas superficiales de la piel. Se adquiere por contacto directo con las lesiones que provoca, aunque también puede transmitirse a través de toallas o juguetes. La mayoría de las personas adultas que entran en contacto con el virus no llegan a desarrollar lesiones. Las posibilidades aumentan en pacientes con problemas inmunológicos, ya que su sistema no es capaz de generar una respuesta inmune rápida que evite la infección. En el caso de los niños, que tienen un sistema inmunológico inmaduro, el molusco contagioso es más habitual. Especialmente en los niños que tienen dermatitis atópica, ya que la función barrera de su piel es menos eficaz y eso hace que el virus logre colonizar la zona con más facilidad.

El Molusco Contagioso se caracteriza porque presenta unas lesiones muy peculiares. Son pequeñas, de no más de medio centímetro; con relieve y del color de la piel. En su interior tienen una zona de color oscuro, como un ombligo; por eso se dice que son lesiones umbilicadas. Es habitual que aparezca un eccema al alrededor de cada lesión y también que se inflamen y adquieran un color rosado.

Estas lesiones pueden aparecer casi en cualquier lugar de la piel, pero las zonas más habituales son la cara, los brazos, las manos y las piernas. Pueden aparecer en grupos o como lesiones únicas y rara vez aparecen diseminadas por varias zonas.

Su aparición crea mucha alerta, las lesiones son muy llamativas y pueden confundirse con verrugas. Pero podemos estar tranquilos: se trata de un problema de salud leve que se resuelve de forma espontánea. Eso sí, las lesiones pueden durar semanas, meses o incluso años.

En función de las características del paciente y de si las lesiones aparecen en alguna zona comprometida, el médico puede proponer un tratamiento. Hay varias posibilidades, pero todas ellas pasan por eliminar las lesiones, ya sea quemándolas de forma química o con frío o extirpándolas con un bisturí. En cualquier caso es muy importante no manipular las lesiones en casa, ya que podemos favorecer la propagación del virus a otras zonas y la multiplicación del sarpullido.

En esta, como en casi todas las enfermedades, lo más importante es la prevención y para eso debemos tener en cuenta dos cosas:

Evitar riesgos: hay que evitar el contacto con las lesiones, evitando manipular tanto las que uno mismo pueda tener, como las de otra persona. Para ello debemos educar correctamente a los niños en hábitos de prevención como no compartir toallas, peines, gorros u otros objetos de uso personal.

Mantener la piel en perfectas condiciones. Esto es especialmente importante en personas con dermatitis atópica, pero es un buen consejo para todo el mundo. Hay que hacer una higiene acorde a las necesidades de cada persona y mantener la piel perfectamente hidratada.