Si al terminar el día pensamos cuál ha sido el objeto que más hemos utilizado a lo largo de la jornada, muchos de nosotros tendremos clara la respuesta: móviles, tablets, ordenadores… Nos paramos a pensar y nos damos cuenta de que usamos demasiadas pantallas. Nuestro día a día está rodeado de ellas y las necesitamos para todo: trabajar, mantener relaciones sociales, estar entretenidos, etc. Nos acompañan desde que nos despertamos hasta que nos vamos a dormir, y no consideramos las consecuencias que esto puede tener a nivel visual.
Y es normal, tal vez no lo pensamos porque nunca nos han dicho de manera clara qué es lo que pueden provocar a nuestros ojos. Pero tenemos que saber que usarlas varias horas al día nos puede causar alteraciones visuales y problemas oculares molestos que pueden limitarnos en nuestra vida diaria.
Pero, ¿por qué todo esto? Las pantallas emiten diferentes radiaciones potencialmente nocivas para nuestra vista, que pueden reducir nuestro confort visual. Vamos a dejar claras las alteraciones que se pueden sufrir observando pantallas, sus causas y los remedios que podemos aplicar en diferentes secciones. Todo para prevenir un mal que va en aumento.

Alteraciones

Irritación ocular. Un enrojecimiento que suele ser generalizado en la zona del globo ocular más expuesta, o sea, en la zona de apertura entre los párpados. Ello nos provoca una sensación de “cuerpo extraño” en el ojo, o de arenilla, como comúnmente se suele denominar.
Picor de ojos. Esa sensación con la que, por más que frotemos el ojo, seguimos teniendo picor constante. Es tan frecuente como molesto.
Ojo seco. Sus síntomas pueden estar asociados a las dos situaciones anteriores, e incluso a lagrimeo como reacción del ojo. Visionar la pantalla con atención hace que parpadeemos menos y, por tanto, que produzcamos menos lágrima. Al no hidratar y lubricar el ojo suficientemente, se seca y lo hace mucho más propenso a irritaciones y picores.
Borrosidad en la visión cercana causada por fatiga visual. Son muchas horas delante de la pantalla en concentración y con necesidad de enfocar nuestra vista para observar las cosas con nitidez en proximidad. Esfuerzos y más esfuerzos que nuestros ojos acaban pagando. Por ello, nos cuesta más mantener la visión clara.
Visión doble. En una situación de fatiga visual, puede aparecer visión doble de manera ocasional. Se produce especialmente cuando cambiamos la vista de cerca a lejos y viceversa.
Miopía temporal. No poder ver de lejos con precisión. Puede que sea por un momento o algo más continuo, así que es importante que examinemos nuestra vista.
Dolor de cabeza. De las más frecuentes. Un dolor muy intenso se apodera de la parte frontal de nuestra cabeza hasta el punto de ser incapaces de seguir viendo la pantalla.

Causas

Nuestro entorno. ¿Cómo tenemos configurada nuestra pantalla? Puede que estemos usando más iluminación de la que necesitamos, o que el nivel de contraste no sea el adecuado… esas cosas influyen, y mucho. ¿A qué distancia estamos de la pantalla? ¿Podríamos estar más lejos? ¿La luz que tenemos es la adecuada? Muchas preguntas a las que solo nosotros podemos dar respuesta. Todos son factores muy importantes para saber en qué condiciones estamos viendo nuestra pantalla.
Nosotros mismos. ¿Cómo actuamos? Cuando estamos viendo una pantalla, parpadeamos tres veces menos que el resto del día. El ojo se hidrata menos, se reseca, y ahí empiezan los picores y los dolores. Además, el estrés que tenemos en nuestro día a día también nos puede repercutir, porque dormimos menos y los ojos no descansan igual.

Soluciones

1. En primer lugar hemos de conocer cuál es el estado de nuestra salud visual, acudir al optometrista u oftalmólogo y actualizar la graduación de las gafas si es que las utilizamos, o descartar que haya algún problema de visión.

2. Descansar. Lo recomendado es hacer un parón de unos 15 minutos por cada dos horas de trabajo. Pero no solo debemos hacer eso, también podemos acompañarlos de ejercicios como enfocar la vista hacia otros objetos que se encuentren a diferente distancia.

3. Regular el brillo y el contraste. Seguro que podemos ver la pantalla con algo menos de brillo, y nuestra vista lo agradecerá. Si lo acompañamos de un contraste adecuado, combinación perfecta.

4. Contar con una buena iluminación ambiental, homogénea, clara, que no cause reflejos ni sea muy intensa. Si además de todo esto, podemos aprovechar la luz natural, muchísimo mejor.

5. No ver la pantalla a menos de 45 centímetros.

6. Nunca poner la pantalla por encima de la altura de los ojos. Cuanto más elevamos la vista, más abrimos los ojos y menos los protegemos.

7. Evitar trabajar de cara a la ventana. Los reflejos de la pantalla, la luz dándonos de frente… nos obligan a hacer esfuerzos innecesarios que podríamos evitar con una buena colocación.