Nuestra piel está constantemente expuesta a las agresiones externas. El calor o la exposición al sol son solo algunos de los factores que pueden provocar que nuestra piel esté más deshidratada, frágil y sensible. Con el paso del tiempo, estas agresiones pueden devenir en un mayor envejecimiento cutáneo o en la aparición de manchas: daños mucho más complicados de reparar.
Para evitar estos y otros problemas dermatológicos, es recomendable que prestemos más atención a nuestra piel. Para ello, os presentamos diez sencillas recomendaciones con las que mitigar estos problemas.

1. Limpia

Uno de los consejos fundamentales para mantener la piel sana es limpiarla en profundidad, abriendo los poros y extrayendo la suciedad acumulada. Para ello, exfóliala con cierta asiduidad (una vez a la semana, aproximadamente) para eliminar la capa de células muertas que obstaculiza su regeneración.

2. Hidrata

Mantener la piel hidratada y nutrida nos permite hacer frente a los agentes externos que pueden perjudicar la piel de nuestro rostro, labios, manos y cuerpo. Para conseguirlo, lo ideal es combinar las cremas de día y de noche con el uso, dos veces por semana, de mascarillas hidratantes. Esto ayuda a paliar la sequedad y a recuperar el brillo, el tono y la elasticidad de la piel.

3. Utiliza cremas y fotoprotectores adecuados

Aunque existen muchos tipos de productos para el cuidado de la piel (cremas, geles, sérums, aceites, lociones, etc.), no todos se adaptan a nuestras necesidades ni son aptos para cualquier piel. Para saber qué opción es la más adecuada en nuestro caso, lo mejor es guiarnos por nuestro tipo de piel, gustos y hábitos personales con el asesoramiento farmacéutico.
En cualquier caso, e independientemente de la época del año en la que estemos, es muy importante que el producto elegido se emplee junto con un protector solar, para así evitar el envejecimiento cutáneo prematuro.

4. No te olvides del cabello

Uno de los grandes olvidados es el cabello. Se aconseja emplear mascarillas hidratantes y sérums específicos que nos ayuden a recuperar la hidratación y el brillo.

5. Cuida tu alimentación

El verano siempre invita a pasar más tiempo fuera de casa, por lo que suele ser más complicado de lo habitual llevar una dieta equilibrada. Con el regreso del frío, es importante tratar de recuperar nuestros hábitos alimentarios: hacer cinco comidas diarias a base de alimentos frescos y sanos y evitar los productos procesados, ricos en grasas saturadas y sal, así como los dulces. Además, intenta introducir en tu dieta frutas y verduras de temporada. Su alto contenido en vitaminas permitirá que tu piel se recupere.

6. Haz ejercicio físico

El ejercicio físico no solo es beneficioso para mantener nuestro peso, sino que también nos ayuda a reparar la piel, a generar colágeno y elastina y a eliminar toxinas e impurezas. Para ello, es recomendable hacer ejercicio físico al menos tres veces por semana.

7. Cuida el sueño

Dormir ocho horas diarias es garantía, en general, de una buena salud, pero también de una buena piel. Durante las horas de sueño, la piel se regenera más rápidamente, liberando las impurezas y recuperándose de la fatiga. Además, por la noche, las células de la piel absorben mejor cualquier tratamiento dermatológico o cosmético que estemos utilizando.

8. Si fumas, es el momento de dejarlo

Entre otros muchos perjuicios, el tabaco envejece la piel rápidamente, puesto que aumenta los radicales libres que causan la oxidación celular. Esto da lugar a una piel apagada y deshidratada, así como a la aparición de manchas y arrugas prematuras.

9. Recurre a suplementos vitamínicos y micronutrientes

Con el otoño llega también el momento perfecto para recurrir a suplementos vitamínicos y antioxidantes. Gracias a su aporte en vitaminas, minerales, ácidos grasos esenciales y probióticos, estos productos ayudan a que nuestra piel y nuestro pelo se recuperen de las agresiones del verano.

10. Presta especial atención en estos casos

Hay enfermedades dermatológicas —como la dermatitis atópica, la psoriasis o la rosácea— que pueden aparecer por primera vez o agravarse con la llegada del frío. Además, también es un buen momento para revisar nuestros lunares y manchas por si apareciese alguna lesión sospechosa o que necesite vigilancia.